¿Son buenos los premios y castigos para los hijos?

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Cuando intentamos modificar o reforzar la conducta de nuestros retoños, habitualmente lo hacemos mediante premios o castigos, aunque no siempre acertamos con el adecuado.

A veces los castigos pierden efectividad o se quedan en simples amenazas. Por otro lado, los premios pueden llegar a perder su valor si los damos con demasiada facilidad.

Siempre es más educativo reforzar la conducta positiva que castigar la negativa, pero vamos a ver en qué medida se deben usar tanto los premios como los castigos, en qué situaciones y los errores que debemos evitar al aplicarlos. Al decir que siempre es mejor el refuerzo positivo, no quiere decir que haya que estar premiando constantemente al niño por lo que hace, si no que hay que alentar y motivar para que el infante por si mismo quiera hacer las cosas bien. Que sienta que se reconoce lo que hace sin tener que estar constantemente dándole algo a cambio.

“Los premios son buenos, siempre y cuando no se convierta en un intercambio en que cada cosa que se espera que haga el niño reciba una recompensa. Deben ser realmente premios, que se ganen con esfuerzo y con el tiempo. Son muy recomendables para ayudar a los chicos a darse cuenta de manera más concreta de sus cambios y de que sus esfuerzos han sido vistos”, opina la psicóloga infantojuvenil Francisca Carrasco Tassara.

 Cómo premiar a nuestros hijos

Se debe recompensar el esfuerzo. Los premios tienen que ser merecidos, es decir, deben ser un reconocimiento al esfuerzo, a la dedicación, la constancia o una superación importante, pero no podemos gratificarlo por todo, porque al final el niño no va a valorar ni el premio, ni lo que supone esforzarse ni nada. Por otro lado, los “regalitos”no tienen por qué ser siempre cosas materiales. Se puede premiar con un plan estupendo para el sábado, con un juego interesante, con tiempo para practicar una afición o con una medalla hecha en casa. Aquí la imaginación no tiene límites. Lo más importante es la actitud de los padres, de alegría, admiración, orgullo, los besos, abrazos y el cariño.

Cuando hay un hábito que inculcar o una modificación de conducta que se quiere conseguir a largo plazo, se puede establece un sistema de puntos. Cuando se alcanzan x puntos, se consigue el premio.

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 Cómo castigar a nuestros hijos

Más que castigar, lo recomendable es que los infantes aprendan que todas sus acciones tienen consecuencias, positivas y negativas. Si un niño hace algo que no debe, entonces corresponde que haya una consecuencia negativa ante esa acción.

Según la psicóloga Francisca Carrasco o ideal es trabajar con consecuencias pequeñas e inmediatas. “Decirle a un menor que si no hace su tarea hoy, no irá el fin de semana a la plaza, es algo muy lejano para él, y tenderá a actuar por hacer lo que quiere en el momento. En cambio si sabe que si no hace su tarea a la hora, no podrá ver televisión inmediatamente después, es más probable que eso lo motive a completar la tarea”, señala la especialista infantil.

“Por otra parte, es muy importante hablarle a los hijos de “consecuencias” y no castigos, porque los ayuda a hacerse cargo de sus acciones. Ya no es algo que les pasa no más, como un castigo, que queda fuera de su poder, sino que ellos “eligen” hacer algo y por tanto, “eligen” la consecuencia”, explica la psicóloga Carrasco.

También es importante que las consecuencias sean pequeñas, cosa que motiven al niño y no lo hagan sentir mal. La idea es que sea lo suficientemente frustrante como para que le moleste, pero no tanto como para que lo desmotive a cambiar. Si la consecuencia es corta, él tiene una nueva oportunidad para elegir bien en poco tiempo. En cambio, si la consecuencia es un castigo de una semana, ¿para qué va a cambiar? Puede que elija portarse mal muchas veces, pero en algún momento va a darse cuenta que depende de él lograr lo que quiere, y cambiará sus decisiones.

Cuándo  aplicar un castigo

 Cuando los niños se saltan las reglas y traspasan los límites. Las sanciones se deben aplicar cuando aparece una mala conducta y cuando se han saltado las normas.

Para sancionar a los hijos los padres deberían tener en cuenta algunos aspectos:

1.Tener las normas y límites muy claros y estar seguros de que los hijos también.

2. Advertir de las consecuencias del mal comportamiento.

3. Dar ejemplo del comportamiento positivo y explicarlo con claridad a los infantes.

4. Cumplir las advertencias y hacer cumplir los castigos.

5. Dar posibilidades de arrepentimiento sincero y perdón. Dar una segunda oportunidad o posibilidad de disculparse. (Aunque el pequeño no debe llegar a pensar “luego pido perdón y ya está”).

6. No hay que castigar con la comida o con el sueño (sin comer o mandándolos a dormir), ya que son hábitos saludables y necesarios.

7. No hay que dar azotes, bofetones ni hacer daño físico de ningún tipo.

8. No despreciar al niño como persona.

9. Reeducar el comportamiento enseñando como era la conducta esperada, poniendo ejemplos de cual sería la actitud positiva, etc. Debemos estar seguros de que el infante sabe porqué se le castiga y cómo se espera que se comporte la próxima vez.

Tipos de castigo

Reprimendas: Es el primer paso. Se debe desaprobar la conducta inadecuada, mostrar nuestra disconformidad y disgusto, pero hay que intentar no atacar directamente a la persona. Es mucho mejor decir “te has portado muy mal” que decir “qué malo eres”, este comentario genera más rabia en el menor y afecta negativamente a su capacidad de rectificar.

 Consecuencias naturales: Se trata de dejar que sufran los efectos directos de su comportamiento, por ejemplo no buscar las cosas del niño desordenado o no arreglar el juguete que ha estropeado en una rabieta. No se puede aplicar en los casos en que haya un riesgo de daño para el niño.

Tiempo fuera: Es un modo de permitir al infante calmarse por sí mismo, a la vez que reflexiona sobre su conducta. Se puede buscar “el rincón de pensar” o el “sillón del arrepentimiento”. Si el niño no se arrepiente y persiste su conducta, hay que buscar otro castigo.

Quitar privilegios: Para niños más mayores que el anterior. Se le quitan ciertos privilegios hasta que su conducta mejora.

* No hay que olvidar nunca que los hijos necesitan límites claros y disciplina positiva.

 

Fuente:

Francisca Carrasco Tassara
Psicóloga Clínica UC
Clínica Avansalud / Consulta Particular
Fono: 98249399

http://www.psicologainfantil.org

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