7 pistas de niños felices

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Hubo un tiempo en el que la infancia era un sinfín de días que se pasaban en la calle con muy poca televisión. La imaginación volaba salvaje y los niños se divertían con unos cuantos coches y una caja de cartón. Jugaban, aprendían y socializaban. Pero sobre todo, se divertían.

Hoy la vida está demasiado guionizada . Se hacen planes. Se asiste a clases.  Atrás han quedado los días de juego gratis y de crear algo de la nada. Muchos infantes simplemente siguen un guión.

Eso no quiere decir que los niños no sean felices, porque muchos sí lo son. Muchos pequeños viven una vida llena de aventuras y maravillas en sus propias casas. Pero muchos no. Muchos simplemente siguen el plan. Y eso es una pena, porque la infancia debería ser todo felicidad.

¿Cómo podemos centrarnos en la felicidad cuando siempre hay tanto que hacer? Podemos empezar por hacer una pausa (no te preocupes, esa pila enorme de ropa te va a esperar), y fijarnos en algunos indicadores de niños felices.

1. Comen a su hora. Sé lo que estás pensando; esto es demasiado simple para ser una estrategia real de crianza. Piénsalo otra vez. ¿Has tenido alguna vez tanta hambre que tenías ganas de gritar? Así es como se siente tu hijo cuando no les das la merienda o cuando tiene que esperar dos horas para participar a una cena familiar de lujo.

Alimentarse a intervalos regulares reabastece sus cerebros y sus cuerpos en crecimiento y mantiene el hambre bajo control. Cuando los chiquitos están tranquilos y satisfechos, experimentan una mayor felicidad.

2. Tienen buenos hábitos de sueño. Algunos niños duermen mejor que otros. Aunque sin duda eso es verdad, no es excusa para los malos hábitos de sueño. Los infantes tienen que aprender a dormir. Enseñarles depende de nosotros. Cuando están completamente agotados, se ponen de mal humor. Cuando están bien descansados ​​y listos para empezar el día con energía, son más felices. Haz del sueño (y de una hora fija para acostarse) una prioridad.

3. Juegan sin instrucciones. El juego no estructurado parece ser un arte extinguido estos días. Antes los chicos se encargaban de su propia diversión. Hoy en día los niños están sobreprogramados, marcados y reverencian los juguetes que juegan por ellos. Claro, todos esos camiones de basura con sus campanas y silbatos son bonitos, pero asegúrate de mezclarlos con camiones de madera y bloques de construcción. Y, por favor, revisa la apretada agenda y busca algo de tiempo todos los días para que tu retoño se dediquen solo a jugar. El juego es bueno para el alma.

4. Se les permite expresar sus emociones. Los niños gritan cuando están enfadados. Lloran cuando están tristes. Puede ser que incluso zapateen y corran en círculos cuando no están seguros de qué sentir. Y a veces, si tienes suerte, lo hacen todo a la vez en medio del pasillo 9 del supermercado de tu barrio. Déjales. Ellos necesitan expresar sus emociones. Mientras que los adultos saben llamar a un amigo para desahogarse cuando las cosas se ponen difíciles, los infantes son un poco más primitivos. Hacerles callar y avergonzarles públicamente no ayuda. Déjales que se desahoguen a su manera y luego ofréceles ayuda. Soportar un berrinche público puede resultarte abrumador en ese momento, pero es mejor que una vida de interiorizar las emociones negativas, que podrían conducir a problemas alimentarios, de depresión u otros problemas emocionales de tu hijo.

5. Pueden tomar decisiones. Los niños tienen muy poco control sobre sus vidas. Constantemente se les dice a dónde ir, qué hacer y qué comer. Un poco de control les da alas para sentirse feliz. Deja que tu hijo elijan su ropa. Permíteles escoger el menú de la cena una noche por semana. Pregúntales a qué clases se quieren apuntar. Dales la oportunidad de tomar algunas decisiones y a cambio le verás sonreír.

6. Se sienten escuchados. Los niños son intuitivos. Incluso los más pequeños se dan cuenta de cuando sus padres se desconcentran y les responden con el piloto automático. Cuando los pequeños sienten que sus padres realmente les escuchan (desde la mejor carrera de Rayo McQueen hasta lo que han aprendido en la escuela), se sienten más conectados. Esto aumenta su confianza en sí mismos y su felicidad en general. Escucha a tu retoño cuando habla. Es la mejor manera de construir una relación abierta y honesta con tu hijo y le da felicidad.

7. Los niños se equivocan. Les dices que no se salta en el sofá una y otra vez, pero lo hacen igualmente. Y luego lloran. La infancia se basa en gran medida en el ensayo y error, y algunas veces los niños tienen que arriesgarse. Perdónales. Quiéreles de todos modos.

Cuando los pequeños saben que sus padres les quieren y les apoyan sin importar nada, son más propensos a tomar riesgos saludables. Son confiados y están seguros de sus decisiones. Aprenden que las personas a veces se equivocan, pero que siempre hay una oportunidad de corregirlo.

Cuando los hijos saben que sus padres siempre estarán ahí para ellos, para bien o para mal, son felices.

Fuente: www.huffingtonpost.es

 

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