Cómo identificar trastornos en el lenguaje infantil

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El desarrollo del lenguaje, durante los primeros años de su adquisición, aparece de una forma muy irregular. Esto se puede apreciar en las escuelas infantiles, al ver cómo muchos niños han accedido rápidamente al mundo de la comunicación oral sin ninguna dificultad, mientras que otros presentan serios problemas en su aprendizaje.

Entre los infantes que presentan dificultades en la adquisición del lenguaje se ha identifiado un grupo, el Trastorno Específico del Lenguaje (T.E.L.), un retraso en la adquisición de las habilidades lingüísticas que aparece sin alteraciones intelectuales, sensoriales, motores, afectivas o neurológicas.

Veamos algunos aspectos relacionados con el T.E.L., tales como definición, criterios de diagnóstico, factores relacionados, características e intervención.

Definición de Trastorno Específico del Lenguaje

Hay una gran variabilidad entre las conductas y manifestaciones asociadas con esta dificultad lingüística. El T.E.L. puede variar tanto en el aspecto del lenguaje que esté afectado (en los sonidos, gramática, vocabulario…) como en la modalidad dañada (lenguaje expresivo o lenguaje comprensivo)

La tendencia general es que el término T.E.L. engloba tanto a los trastornos del lenguaje de origen neurológico, como aquellos otros relacionados con el ritmo y velocidad en la adquisición del lenguaje.

No obstante, desde el punto de vista de la intervención logopédica, es conveniente diferenciar entre Retraso del Lenguaje y T.E.L., ya que permite ajustar más finamente las estrategias de intervención y facilita la respuesta educativa necesaria para los niños con este tipo de dificultades.

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Criterios para diagnosticar el Trastorno Específico del Lenguaje

El desarrollo lingüístico de los niños se desarrolla a lo largo de un período amplio de tiempo, y eso dificulta a la hora de dar criterios diagnósticos. La evaluación del lenguaje para determinar la consistencia o no de T.E.L. se suele realizar mediante el uso de pruebas estandarizadas, superar un análisis para detectar dificultades en la audición, no presentar episodios recientes de otitis media serosa, o problemas neurológicos, ausecia de malformaciones en la zona oral, poder realizar movimientos de boca, lengua, mandibulares… correctos, etc.

De todo esto se deduce que no es fácil identificar niños con T.E.L. La fonoaudiólogo, Paulina Díaz Meza da a conocer una pauta que señala la sintomalogía presente en el TEL infantil:

– Retraso en la aparición del lenguaje (primeras palabras después de  un año de edad, primeras frases después de los dos años de edad.

– Alteración en el USO de artículos, verbos, tiempos verbales, etc.

– Errores de pronunciación de palabras, ejemplo: dice “puerpo” en vez de cuerpo o “bifador” en vez de refrigerador, etc.

– Dificultades para comprender tiempos verbales, artículos, nexos, marcadores interrogativos (que, como, cuando, etc), etc.

-Uso un vocabulario reducido.

– Habla telegráfica o desordenada.

-El niño no logra narrar historias utilizando nexos adecuados, sólo enumera hechos.

Sintomatología asociada:

– Ligero retraso motor (torpeza de movimientos, baja motricidad fina, etc.)

– Existen dificultades de lateralización o ubicación temporoespacial.

– Presenta problemas psicoafectivos: Baja autoestima, excesiva timidez, dificultad para relacionarse con pares.

Factores predisponentes:

– Modelo lingüístico o ambientales sociocultural bajo.

– Se detectó y propuso tratamiento de lenguaje antes de entrar a la escuela.

– Algún familiar directo con alteraciones del lenguaje.

Características del Trastorno Específico del Lenguaje

A pesar de que los niños con T.E.L. poseen todos los prerrequisitos para la adquisición del lenguaje, la evidencia parece demostrar que su aprendizaje presenta ciertas dificultades.

Déficit fonológico: La alteración parece producirse más en los procesos de discriminación auditiva, afectando a los mecanismos que se ocupan de relacionar significado (representación mental o concepto; por ejemplo, la imagen de una bicicleta) y el significante (los sonidos; por ejemplo, la cadena de fonemas que constituyen la palabra “bicicleta”). Utilizan estrategias para percibir los sonidos muy inmaduras, codificando las palabras en términos de sílabas enteras, sin la conciencia de que el habla puede dividirse en unidades más pequeñas.

Déficit morfosintáctico: Existen serias limitaciones en la habilidad para percibir, procesar y desarrollar reglas que faciliten las generalizaciones lingüísticas, situación que conduce a un sistema gramatical con enormes errores. Por ejemplo, les cuesta mucho utilizar el determinante “la” para todas aquellas palabras del género femenino, aunque en ocasiones si la utilizan bien ante una palabra aprendida.

Déficit léxicosemántico: Se aprecian serias limitaciones en su vocabulario, ya que adquieren una menor cantidad de palabras conocidas en comparación con niños de su misma edad , unido a una limitada comprensión del vocabulario y a dificultades para recuperar las palabras desde la memoria.

Déficit pragmático: Se detectan problemas en la comprensión de los actos comunicativos, circunstancia que se da cuando un niño con T.E.L. no responde adecuadamente a una demanda comunicativa (por ejemplo, preguntarle qué ha hecho en el colegio), por razones como la no comprensión del vocabulario usado, cierto grado de confunsión por la longitud y/o complejidad de la oración, el uso de un estilo indirecto en el habla o, sencillamente, porque el pequeño no desea responder en la dirección adecuada (en lugar de decir qué ha hecho en el colegio, nos cuenta qué ha pasado en el último capítulo de su serie de dibujos favorita).

Intervención en el Trastorno específico del Lenguaje

Dos de las técnicas que más se usan son el moldeamiento y el modelado .

En la primera, el niño llega por aproximaciones sucesivas a expresar una palabra o enunciado. El adulto refuerza sistemáticamente cualquier aproximación del infante a la conducta meta. Por ejemplo: Estamos jugando a las pompas y el niño quiere más, pero no lo expresa de forma verbal. De pronto, el pequeño dice “ma” (u otro sonido). En ese momento, el adulto refuerza soplando para hacer pompas al tiempo que dice “¡Muy bien. Más pompas!”.

En la segunda técnica, el adulto hace de modelo con el objetivo de que el menor imite dicho modelo para instaurar una determinada conducta verbal o corregir un error anterior. Por ejemplo: Se juega a esconder objetos. Una vez escondidos se “llama” a los objetos mientras se buscan de modo que el niño nos imite.

Es necesario tener en cuenta que los trastornos lingüísticos de estos niños facilitarán la aparición de dificultades de aprendizaje, problemas en el desarrollo de habilidades de comprensión lectora y en los ámbitos social y emocional.

Por ello, se debe colaborar tanto con los padres (para que se comuniquen mejor con su hijo), como con la escuela, y así tratar que las dificultades del lenguaje de los niños con T.E.L. no afecten a su desarrollo emocional, escolar o social.

Fuentes:
Paulina Díaz Meza, Fonoaudiólogo, Licenciado en Fonoaudiología y Bachiller en Ciencias Básicas. Universidad del Desarrollo.
www.bebesymas.com
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