El apego entre padres e hijos: Mitos y verdades

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MITO: Es manipulador o malcriado el niño que se aferra a sus padres.

No hay evidencias científicas que avalen la siguiente teoría :” El apego ansioso es resultado del afecto y atención excesivo por parte de los padres”. Este tipo de apego se da más bien cuando éstos no han respondido eficazmente a las necesidades de dependencia de sus hijos.

El acto de aferrarse a sus progenitores, al niño le brinda calma y seguridad. Además, por el contacto físico con su madre principalmente, se activan ciertas sustancias cerebrales que le generan bienestar.

En estudios relacionados han demostrado que los bebés, cuyas mamás han atendido rápidamente a su llanto, lloran mucho menos que aquellos que los dejaban llorar en su primer año de vida.

MITO: Desde bebés hay que fomentarles la independencia.

En ocasiones, los padres pueden impulsar a sus hijos hacia una separación prematura. Un niño de ocho años, puede llegar a sentir esta angustia de separación si pasa largos períodos lejos de sus progenitores. Por ejemplo como cuando concurren a un internado.

Varias investigaciones han detectado alteraciones a largo plazo en el cerebro infantil, a causa de separaciones cortas con los retoños, por ejemplo cuando éstos quedan al cuidado de personas desconocidas y poco contenedoras.

El dolor emocional y la angustia profunda por el alejamiento de los padres, deja secuelas en los pequeños que los afectarán a lo largo de toda su vida. Como por ejemplo, depresión, ansiedad y poca capacidad para afrontar situaciones de estrés en la vida adulta.

Es importante no confundir la actitud atenta, contenedora y facilitadora de los padres, con la sobreprotección.

 MITO: Los infantes se acostumbran fácilmente a separarse de los padres, porque luego vuelven.

Cuando el bebé llega a los siete meses, comienza a manifestar la ansiedad de separación, y generalmente se instala hasta pasados los seis años.

Hay que ayudarlo a adaptarse a la ausencia de los padres, es un aprendizaje complejo, que requiere tiempo, paciencia, dedicación y amor.

Al chiquito no se le puede explicar que los padres volverán en unas horas, ya que no está capacitado para entenderlo. El poder de las reacciones hormonales que se dan en su cerebro y en su cuerpo es enorme. Experimentar pánico, se traduce en un peligroso aumento de las sustancias estresantes en el cerebro. Puede generar una hipersensibilización de su sistema de miedo, que probablemente le afecte en su vida posterior, dando lugar a diversas patologías relacionadas con la ansiedad.

Si por necesidad o por trabajo, la mamá debiera ausentarse unos cuantos días, no significa “que le hará mal a su hijo”. Sí depende con quién deje al pequeño. Si se queda con el padre, o con alguien conocido, familiar, afectuoso y que esté atento a las necesidades emocionales y físicas del menor, estará bien. También debe poder fomentar y potenciar las emociones positivas, provocadas por la risa, los abrazos y los juegos en el niño.

Fuentes:
M. Verónica Tamburelli, ProMamás.
http://www.bebesencamino.com
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