Todo sobre el cambio de alimentación a los seis meses de edad

La introducción de nuevas comidas en los bebés debe ser paulatina. Además, debe adaptarse a su capacidad digestiva, a su desarrollo fisiológico y neuromotor.

A los seis meses los lactantes están listos para comenzar a disfrutar de nuevos sabores, puesto que esa edad,  la leche ya no les proporciona la energía suficiente. Además, como sus funciones digestivas han madurado está listo para recibir nuevos alimentos, pero siempre siguiendo ciertas normas. Para esto es importante respetar las indicaciones del pediatra, quien indicará cuándo comenzar y qué tipo de nutrientes son los más adecuados para tu pequeñín.

La incorporación de otras substancias en el menú de los lactantes, no significa suprimir la leche, sino que complementarla. Los nuevos componentes se deben incluir gradualmente, para dar tiempo a la adaptación del organismo del niño.

La hora ideal para sus nuevos almuerzos y cenas

Al mediodía es recomendable sustituir la leche por una papilla de verduras y de postre una compota de frutas. Para un pequeño de 6 meses, la porción adecuada es la mitad de una taza. Después de los 10 meses de edad, se incluye la cena antes de las 20:00 horas. Es trascendental saber que los bebés no deben ingerir comida del día anterior. Es recomendable preparar la cantidad justa y si sobra no guardar los restos, sino cocinar de nuevo al día siguiente.

Qué nutrientes agregar a su nuevo menú

Los infantes de 6 meses no están preparados para recibir cualquier tipo de alimento, ya que su aparato digestivo debe adaptarse a procesos más complejos que se iniciarán en esta nueva etapa. Es recomendable que comience con pequeñas cantidades de papillas. Al principio es normal que rechace los sabores desconocidos, recuerda que tu hijito hasta el momento sólo sabe succionar y ahora tiene que aprender a comer, por lo que tendrás que armarte de mucha paciencia.

Cereales: Se introducen desde los 6 meses. Primero serán sin gluten para evitar sensibilidad o intolerancias a esta proteína (el trigo, avena, centeno y cebada contienen gluten; el arroz y el maíz, no) y a partir de los 7 meses se pueden mezclar. Los cereales son fuente de proteínas, minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono. No obstante, al tratarse de un alimento calórico, existe riesgo de sobrealimentación si se abusa de su consumo.

Frutas: A partir de los 6 meses el lactante puede saborear papillas o compotas de frutas, nunca reemplazando la leche, sino complementándola. Puede probar naranja, manzana, pera, uva, ciruela, etc. Pero es preferible evitar las más alérgicos como la frutilla y el melón. No es necesario agregar azúcar.

Verduras y patatas: Se incluyen a partir de los 6 meses de edad, buscando su aporte de sales minerales. Es aconsejable evitar al principio los vegetales con alto contenido en nitritos, como remolacha, espinacas y acelgas. Tampoco es recomendable que los bebés consuman verdes que causen flatulencia  (coliflor y repollo) o muy aromáticos (ajo o pimentón). Deben cocerse con poca agua y aprovechar el caldo de la cocción, ya que en éste quedan disueltas parte de las sales minerales. Se puede añadir una cucharadita de aceite de oliva al puré de verduras, pero nunca sal.

Carnes: Aportan proteínas de alto valor biológico, lípidos, hierro, zinc y ciertas vitaminas. Son preferibles las menos grasas, como el pollo. Posteriormente se introduce la ternera y el cordero. Las vísceras (hígado, sesos, etc.) no tienen ventajas sobre la carne magra y aportan exceso de colesterol y grasa saturada. La cantidad apropiada para los pequeños de 6 meses es de 10 a15 gramos por día. Luego se van aumentando 10 gramos por mes. Los filetes se pueden mezclar con las papillas de verduras.

Pescado: Se incorpora sólo después de los nueve meses debido a su capacidad de provocar alergia. Si el infante tiene antecedentes familiares de sensibilidad a este alimento, se incluye después del año de vida.

Huevos: Nunca el menor los debe ingerirlos crudos. Después del noveno mes de vida se sólo se ofrece la yema cocida. Inicialmente, el bebé puede comer un cuarto de yema, la semana siguiente media y al mes entera. A partir  del año de edad el pequeño puede comer un huevo entero. Este alimento sustituye a la carne, tomando 2 ó 3 unidades por semana. La yema es una buena fuente de ácidos grasos esenciales, vitamina A, D y hierro. La clara aporta principalmente proteínas de alto valor biológico, pero entre ellas se encuentra la ovoalbúmina, con gran capacidad de provocar alergias.

Legumbres:Se pueden añadir al puré de verduras a partir de los 18 meses. Si se mezclan con arroz u otros cereales, sustituyen a la carne y se pueden consumir así hasta dos veces por semana.

Yogur: El bebé lo debe consumir natural sin azúcar y a temperatura ambiente, sólo después del octavo mes. Sirve como complemento y se puede mezclar con la compota de frutas. Después de los 8 meses de edad, se recomienda el yogur de vainilla o chirimolla.

Azúcares refinados, miel y otros dulces:No es saludable el consumo de azúcar, pues la dieta del infante contiene un aporte adecuado de hidratos de carbono.

Agua: Mientras el lactante reciba sólo leche materna o fórmula adaptada, no suele requerir bebidas adicionales, salvo en situaciones extremas de calor o pérdidas aumentadas (fiebre, diarrea). Cuando se suma una alimentación complementaria, al suponer ésta una mayor carga renal de solutos (sales minerales, glucosa, etc.), no basta con los líquidos aportados por el lácteo y otros alimentos, por lo que en esa etapa es beneficioso dar agua al niño frecuentemente.

Leche de vaca: Nunca se introducirá antes del año y cuando se incluya en la dieta del menor deberá ser entera, por su aporte de vitaminas liposolubles y grasas, salvo que haya recomendación médica que especifique otra cosa.

Ritmo de crecimiento y desarrollo de tu retoñito

Algunos parámetros de la antropología física permiten entender por qué las necesidades nutritivas durante el primer año de vida son proporcionalmente superiores a las de los adultos.

Peso: Durante el primer año se triplica el peso del nacimiento.

Talla: Pasa de 45 ó 50 centímetros (cm) de estatura al nacer, a 78 cm. (aproximadamente) al año de edad, mientras que al segundo año los niños sólo crecen unos 25 cm, y más tarde de 7 a 10 cm. por año.

Cerebro: Los primeros cuatro meses su volumen aumenta dos gramos al día aproximadamente.

Dentición: Normalmente comienza entre los 6 y 8 meses. Si la salida de los dientes se retarda y no se observan problemas de crecimiento óseo, puede tratarse de una característica genética.

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