¿Niños estresados?

Aunque no lo creas nuestros retoños también padecen de estrés. Pero no te angusties, porque generalmente en los niños se habla del “estrés postitivo”, ya que es una reacción natural frente a una situación desagradable, como el miedo, la inseguridad o la frustración. Es decir, no es un estado de ánimo crónico, porque finaliza en cuanto se supera ese mal momento.

Existen dos categorías de estrés: el eustress (bueno) y el distress (malo o negativo). El primero se produce cuando el infante se adapta a una situación y busca soluciones para resolver su problema. El negativo, se da cuando no se acostumbra a un determinado escenario. Ambos tipos se pueden producir en la infancia, pero sólo el segundo genera un estado patológico y ansioso que afecta a la salud.

¿Qué los estresa?

Hay factores internos y externos que pueden estresar a los menores, por ejemplo: Enfermedades comunes o molestias, tales como los cólicos, otitis o flatulencia; el sentir frío, calor o hambre.

Algunas causas del entorno son: la música o los ruidos fuertes y molestos; ponerlos por varias horas frente al televisor; la falta de cuidados (pañal sucio, alimentación inadecuada, el desafecto o la poca atención de sus padres, inseguridad, miedo, etc.) y el ambiente familiar problemático, como presenciar discusiones o peleas.

Pero ojo las embarazadas, ya que el estrés también se puede provocar antes del nacimiento, a través de los vasos de la placenta, por los cuales la madre traspasa ese estado de ánimo. Otro motivo que puede provocar ese malestar, es la tensión en el parto.

¿Cómo saber si mi hijo sufre estrés?

En los niños se perciben trastornos de comportamiento, como irritabilidad, llanto recurrente o agresividad; trastornos en el dormir y en la alimentación, como la inapetencia o sentir más hambre de lo normal.

¿Lo podemos evitar?

Sí, de todas maneras, principalmente otorgándole mucho cariño y un ambiente o entorno tranquilo. Evítale situaciones conflictivas; satisface sus necesidades; adáptalo a una rutina diaria que distribuya sus actividades y establezca el horario de sus comidas, juego y siesta. Es fundamental que los pequeños tengan un descanso reconfortante, reduciendo la luminosidad y el ruido. Si el niño está muy irritable, llévalo al parque o a pasear a su lugar favorito o simplemente abrázalo y susúrrale suaves melodías.

Hoy los bebés tienen un cincuenta por ciento más de probabilidades de sufrir estrés que hace 15 años. Así lo indica el resultado de una investigación dirigida por Francisco Miguel Tobal, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, que lleva el nombre de ‘Estudio sobre el Estrés del Bebé’.

Para revertir esta negativa cifra, sólo debemos colmar de amor, paz y atención a nuestros retoños.

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