La sobreprotección: Un daño para los hijos

La sobreprotección se suele definir como “cuidar en exceso”. Se mantiene el instinto de resguardo de los primeros meses de vida, y no se acepta que las criaturas van creciendo y tienen que aprender a resolver sus necesidades. Expresiones como: “Yo te doy  la comida porque tú te manchas”, “Yo te ayudo a hacer las tareas”, pueden tener inconscientemente un intenso cuidado. Un ejemplo de sobreprotección, es que los hijos duerman muchos meses con los papás.

El término “sobreprotección” es engañador, ya que muchos papás están convencidos de que impidiendo a sus pequeños frustraciones, penas, enfermedades o problemas, se les está cuidando mejor.

¿Cómo saber si somos sobreprotectores?

La diplomada en Terapia Gestalt Infantojuvenil, Francisca Carrasco, menciona algunas características de los progenitores que custodian exageradamente a sus retoños:

- Sienten que deben controlar las amistades de sus hijos y les prohíben que se junten con niños que no les gusten.

- Ponen límites rígidos hacia afuera, pero tienen dificultades para establecerlos dentro de la familia. El padre y la madre gradualmente se vencen ante los hijos, ya que no mantienen la firmeza necesaria para establecer reglas. Como no hacen uso de su autoridad positiva, la van perdiendo, al final el niño se toma el poder y se convierte en el “rey de la casa”.

- Sólo se sienten tranquilos cuando sus hijos están bajo su mirada.

- Les preocupan situaciones como: que no pasen hambre, sed, que no se caigan, que no tengan conflictos con sus pares, etc. Es decir, hacen lo imposible para que no vivan malas experiencias.

- Se sienten más ansiosos que sus pequeños cuando algo anda mal.

- Los hostigan dándoles instrucciones constantemente. Hay una necesidad de controlar al menor en todo momento.

- Limitan la exploración del mundo por parte de sus hijos, por miedo a que se hagan daño con algo de su entorno.

- Descartan actividades que tengan una posibilidad remota y mínima de terminar en accidente. Llegan al extremo de pensar que sus niños no pueden cruzar una calle sin que los atropellen o que no puedan salir sin ellos sin que les pase algo.

¿Por qué algunos padres tienden a ser sobreprotectores? 

La mayoría de los padres en algún momento han controlado y cuidado en demasía a sus retoñitos. Esto puede ser un instinto natural del ser humano, pero el peligro está en que sea ésta la forma predominante de criar.

La psicóloga Francisca Carrasco, explica que la sobreprotección tiene muchas causas: “Algunos papás sienten que cuando ellos hacen las cosas por sus hijos, o los dirigen, las cosas resultan mejor. Otras veces, son padres ansiosos, con muchos miedos propios, y sienten que el mundo es mucho más peligroso e impredecible que cuando ellos eran jóvenes. Hay progenitores que temen al fracaso y no quieren ver a sus pequeños luchar o perder. También hay personas que viven a través de sus hijos, y en ese sentido se sienten con el derecho de obligarlos a hacer cosas que ellos mismos no tuvieron la oportunidad de hacer”.

Varios especialistas en el tema, coinciden en que cada vez existen más familias que eligen este estilo educativo. Un posible motivo es la falta de tiempo para los pequeños, entonces a cambio, los cuidamos con exageración.

En otras ocasiones, la sobreprotección es resultado de una enfermedad. A los infantes con ciertas necesidades médicas, se les ve más indefensos y a su vez requieren de mayor atención, pero no para todo, aunque los padres lo crean así.

Los papás o mamás que no han tenido el amor que necesitan, generalmente quieren evitar que sus pequeños sufran lo mismo. O por el contrario, han sido educados en ese estilo de sobreprotección y como resultado crían de esa manera a sus niños.

Lo peor de todo, es que la mayoría de estas familias no se dan cuenta de estar llevando este tipo de formación.

Las desventajas de los sobreprotegidos

Carla Parraguez (22 años) ha renunciado a tres carreras universitarias y aún no tiene claro cuál es su vocación. Fuera de su casa es introvertida y teme vivir experiencias nuevas. A sus padres siempre les demuestra disconformidad con lo que tiene, además los domina y exige que le den todo lo que quiere. Su personalidad representa lo que podría provocar en la adultez, una infancia colmada de atenciones.

La psicóloga infantojuvenil Francisca Carrasco, señala varias desventajas o consecuencias que podría provocar este cuidado excesivo hacia los infantes:

- Se forman niños temerosos y nerviosos: Después de recibir todos los miedos transmitidos por sus padres, los pequeños pierden la confianza en sí mismos, ya que no se sienten capaces de realizar actividades que otros menores sí pueden hacer.

- El pequeño sobreprotegido puede desarrollar una sensación de inferioridad y de incapacidad, permaneciendo excesivamente ligado y dependiente de los padres.

- No saben cómo resolver problemas por sí mismos, les cuesta interactuar con sus pares y mantenerse seguros. El resultado es una persona que no ha tenido la oportunidad de conocerse bien a sí mismos, por lo que generalmente, no saben qué es lo que quieren, ni qué pasos seguir para lograrlo.

- Como no se le enseñó a cuidarse ni a pensar por sí mismo, son más proclives a caer en adicciones, ser influenciado por el resto y tener malas amistades, pues no desarrolló criterios autónomos. Asimismo, puede sufrir más accidentes, tener sobrepeso e, incluso, enfermar más seguido, ya que no aprendió a evaluar riesgos, siempre hubo alguien que lo hizo por él.

- Cuando están fuera del ámbito familiar, manifiestan problemas de adaptación, se sienten incomprendidos, les cuesta hacer sus trabajos o funciones y tienden a no respetar normas.

- Muestran una dependencia extrema hacia sus padres, principalmente hacia la mamá. Sufren mucho cuando llega el momento de separarse de sus progenitores, por ejemplo cuando deben ir a una sala cuna o colegio.

- Tienen poca tolerancia a la frustración. Quieren ganar siempre y cuando eso no sucede se enojan y explotan. Le temen al fracaso, ya que no han tenido la oportunidad de fallar y perseverar hasta lograr sus metas o propósitos por sí mismos.

- Les cuesta tomar iniciativas, permanecen quietos ante las dificultades y no asumen sus responsabilidades.

- Buscan la ayuda o protección de terceros. Si no están con sus padres, piden resguardo en compañeritos de clase, familiares o hermanos mayores.

¿Cómo podemos luchar contra este incorrecto modo de educar?

“Los padres sobreprotectores deben preguntarse, cuánto de esta sobreprotección corresponde a miedos propios, y saber proteger a sus hijos de esos miedos. Tienen que entender que parte de la infancia es caerse, rasguñarse y equivocarse. Son aprendizajes necesarios. Si la familia no logra superar este problema, es importante que acudan a un psicólogo que los ayude a entender de dónde vienen esos temores, y así puedan distinguir entre los peligros reales y las desconfianzas personales”, recomienda la especialista infantil Francisca Carrasco.

Algunos consejos que pueden ayudar a los papás a formar niños fuertes y seguros son los siguientes:

- Motivémoslos a desarrollar estrategias para enfrentar dificultades y posibles problemas que les surjan en la vida, pero sin resolvérselas. Es decir, podemos ser su bastón para que se apoyen, pero no sus piernas.

- Enseñémosles a ser capaces de tomar decisiones con criterio y asumiendo sus consecuencias. Así sabrán tomarlas posteriormente ellos solos.

- Tratemos de aumentar su autonomía y darles cierto grado de libertad y responsabilidad, proporcionales a su grado de madurez. Así, lograremos que: sean personas independientes y seguras; descubrirán por sí mismos cuáles son sus capacidades y experimentarán situaciones de éxito que ayudarán a que su autoestima crezca.

- Exijámosles que cumplan ciertas tareas, obligaciones o responsabilidades.

- La mamá y el papá tienen el deber de ayudar a su hijo a construir una imagen interior de sí mismo lo más positiva posible, en la que también se deberá apoyar cuando la realidad no le sea muy favorable. Para conseguirlo, es preciso medir la protección necesaria, así como los estímulos para conocer el mundo y para ser autónomo.

- Transmitamos al niño una percepción tranquilizadora y positiva del mundo. Ver peligros por todas partes y no concederle gradualmente la autonomía necesaria, les creará mucha inseguridad. Añadir también una dosis de ansiedad constante, significa correr el riesgo de bloquear o retrasar muchos de sus descubrimientos.

- Demostrémosles que, aunque nos equivoquemos o si algo no resultó, siempre existe la posibilidad de solucionar los problemas. El niño hace suya esta actitud a partir del ambiente en el que crece, y la absorbe por imitación.

- Démosles confianza cuando sienta que “no puede” hacer algo. En los primeros años, el menor debe aprender muchas habilidades, y sus movimientos se deben perfeccionar. Cuando se desanima y habla de sí mismo subrayando la parte negativa (“no puedo”), es importante rebatir su punto de vista, demostrándole que sí sabe hacer muchas cosas solo.

- El hecho de sentir que mamá y papá se ocupan de él le aporta una gran seguridad. Elogiarle cuando logra hacer algo solo, o ayudarle sin dramatizar cuando tropieza y se cae, son otros estímulos que le ayudan a aumentar su autoestima.

- Establezcamos límites que deben obedecer, así los prepararemos a convivir en sociedad.

Ojo con estas inadecuadas actitudes hacia los hijos

- No desestimemos los miedos del pequeño, pero tampoco exageremos con la compasión. Cuando se le dice “pobrecito”, en realidad, sólo se están atenuando los efectos del consuelo. De hecho, al niño le parecerá que existe una amenaza real a la que debe temer.

- No nos excedamos con las advertencias del tipo “cuidado, que te vas a caer”, o “no vayas allí, que es peligroso”. Repetir estas frases continuamente -tratando de evitar el enfrentamiento con el riesgo- puede crear en el chico el miedo a no ser capaz de defenderse y dominar su integridad.

- No hagamos las cosas por ellos, protegerlos de las frustraciones no les ayuda a ser autónomo. La autoestima del niño se forma en los primeros años de vida, en función de los juicios que se expresan sobre su persona y sobre sus capacidades.

- No intervengamos enseguida cuando el infante sufre un acto de prepotencia por parte de otro niño de su edad. Así nunca aprenderá a defenderse solo y siempre recurrirá a la ayuda de sus papás.

 

Fuentes:
 
Francisca Carrasco: Psicóloga, Diplomada en Terapia Gestalt Infantojuvenil, Pontificia Universidad Católica. Fono Consulta: 98249399
 
 
 
 
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Una respuesta a La sobreprotección: Un daño para los hijos

  1. lourdes dijo:

    Me gusto su def: de la sobreproteccion directo al grano

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